Tener Fe en Dios

4 Ago

Tener Fe en Dios – Jesús enseñaba con humildad y con amor a todos los pueblos a los que visitaba, y por lo regular todas las personas lo recibían como un sabio y como un hombre de Dios, sin embargo había un pueblo que no creía en Él. Este pueblo era Nazaret, su propio pueblo, donde Jesús había crecido.

Tener Fe en Dios

Tener Fe en Dios

Cuando Jesús les enseñaba, ellos se preguntaban entre sí: ¿que no es este el hijo del carpintero, el hijo de María y de José? ¿cómo es posible que una persona que vive entre nosotros tenga esta sabiduría? y de esta manera le daban muy poco valor a sus enseñanzas.

Por eso Jesús mismo mencionó que “nadie es profeta en su propia tierra”. El pueblo de Nazaret cerró su corazón a las enseñanzas de Jesús y por lo tanto cerró las puertas de la fe, por esta misma causa Jesús no pudo realizar milagros entre su gente.

Los milagros de Jesús se realizaban en las personas que creían en Él, las que le abrían su corazón y se entregaban confiadamente. La verdadera Fe no exige prueba antes de creer, porque si por una prueba creemos, después necesitaremos y exigiremos más y más pruebas.

Tener Fe en Dios

Reflexión: ¿qué tanto se parece nuestra actitud a la actitud del pueblo de Nazaret? ¿será acaso que en ciertas circunstancias de nuestra vida también le cerramos nuestro corazón a Dios y preferimos creer en lo que el mundo nos dice, y tomamos las salidas cómodas y rápidas?

Abrir el corazón a Dios

Abrir el corazón a Dios

Lo contrario de la fe es el temor y la duda, estos dos aspectos continuamente impiden que se pueda manifestar el amor de Dios en nuestras vidas. Las personas en las que Jesús realizaba milagros eran las que confiaban en Él, así pues, nosotros también podemos aceptar a Dios en nuestra vida y entregarle nuestra confianza, para que el pueda obrar en nosotros.

Oración: Señor Jesús, reconozco que Tú eres verdaderamente el Hijo de Dios y que puedes obrar verdaderos milagros en mí, en mi familia y en toda mi vida, cada día quiero entregarte mi confianza y permitirte que me conduzcas con tu amor. En la angustia te pido que seas Tú quien le de paz a mi mente y a mi corazón. En la alegría permíteme siempre ponerte en el primer lugar de mis agradecimientos. Para ti sea por siempre, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos, Amén.

Tener Fe en Dios – Mi tarea: estar en constante comunicación con Dios a través de la oración, conversar con Dios y pedir la dirección del Espíritu Santo.

Oraciones y Reflexiones Catolicas
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